agosto 1, 2017

México tiene un máximo histórico de suicidios

Entre 1990 y 2015 la tasa de suicidios se duplicó en el país al pasar de 2.4 por cada 100 mil habitantes a 5.4. El crecimiento es más visible entre hombres menores de 44 años.

Desde 1990 y hasta 2015 se suicidaron en México 104 mil personas, 83% de ellas fueron hombres, y de éstos, 72% tenían menos de 44 años de edad. Así, casi 62 mil hombres jóvenes se quitaron la vida en 26 años. En términos absolutos, en los noventa se suicidaban en promedio cada año 2,731 personas; en el sexenio de Vicente Fox 3,985; en el sexenio de Felipe Calderón, 5,091; y en los primeros tres años de Enrique Peña Nieto, 6,224.

La tasa por cada 100 mil personas pasó de 2.4 a 5.4 en el periodo. Cierto, México está aún lejos de los países en los que el suicidio es elevado, como Sri Lanka que tiene una tasa de 35 por cada 100 mil habitantes. De hecho, México está entre los países con tasas de suicidios más bajar (148 en el ranking mundial). Lo notorio en todo caso es la tendencia positiva año tras año que coloca al 2015 como el año con más suicidios (totales y en tasa) al menos desde 1990. Es visible también que el perfil de quienes en México decidieron quitarse la vida ha cambiado en el tiempo, más hombres jóvenes y más mujeres. Finalmente, las formas en que mexicanas y mexicanos se quitan la vida también se ha modificado: la proporción con arma de fuego (contrario a homicidios) ha decrecido, mientras que ahorcamientos han crecido notoriamente.

 

¿Qué explica el aumento en los suicidios?

¿Qué explica, por un lado, el crecimiento constante y, por otro, el aceleramiento a partir de 2007? Centralmente: los suicidios de hombres entre 15 y 44 años de edad. Mientras que las tasas de suicidio de los menores de 15 años y de los adultos mayores a 44 años se ha mantenido constante a lo largo del tiempo, la tasa de suicidio de las personas entre 15 y 44 años, impulsando a la tendencia nacional, ha aumentado constantemente.

Además, aunque la proporción de adultos mayores a 75 años que se suicidan se ha mantenido constante, es alarmante notar que este grupo es el que ha tenido la tasa más alta de entre cualquier grupo poblacional la mayoría del tiempo, alcanzando a acumular 9.1 suicidios por cada cien mil personas mayores a 75 años durante todo el periodo. Sin embargo, en 2011 las personas entre 15 y 29 años superaron la tasa de los adultos mayores, y para también lo hicieron aquellos entre 30 y 44 años.  

¿Por qué decimos que son los hombres de entre 15 y 44 años y no simplemente las personas de esa edad? Históricamente, de cada diez suicidios que se cometen en el país, ocho son llevados a cabo por hombres, aunque recientemente ha aumentado ligeramente la proporción de mujeres que se suicidan, pasando de 14.5% en 1990 a 19.9% en 2015.

Así como el aumento en la tasa nacional de suicidios se debe a un grupo poblacional específico, también se debe a algunos municipios en particular. Mientras que en algunas zonas de la república la tasa de suicidios aumentó, provocando el ya conocido aumento en los datos nacionales, en otros el cambio promedio en los últimos 25 años fue negativo, es decir, su tasa de suicidios se redujo.

El alza de la tasa de suicidios a nivel municipal se debe principalmente a un aumento extraordinario durante la década de los noventa. Un claro ejemplo es Córdoba, Veracruz, donde, de la década de los 90 al año 2000, su tasa aumentó al triple, en cambio, disminuyó en 40% en los 10 años siguientes.  Pachuca, Hidalgo, y Ocosingo, Chiapas, fueron la excepción entre los 50 municipios con mayor crecimiento, pues su cambio porcentual ha sido muy similar en las últimas tres décadas.

Para el puñado de municipios en los cuales la tendencia ha sido opuesta a la observamos lo mismo: tasas más bajas después del 2000 que en la década anterior y a una reducción evidente de ellas en los últimos 15 años. Entre estos municipios se encuentran Tampico, cuya tasa se redujo en 25% en el primer periodo y en 60% en el segundo periodo. O la delegación Cuajimalpa, cuya tasa se redujo, en promedio, 35% durante los últimos 25 años.

Cómo nos suicidamos en México

Más del 81% de los suicidios de jóvenes en 2015 fueron por ahorcamiento o asfixia; sin embargo, esta tendencia es nueva. En 1990 únicamente 46.5% de los suicidios eran cometidos de esta manera. A medida que los suicidios por ahorcamiento se han vuelto más populares entre los hombres, los llevados a cabo con un arma de fuego han disminuido. En 1990, 28.7% de las personas suicidas se mataban con un disparo; en cambio, en 2015 este porcentaje se redujo a 8.9%, es decir, el aumento en la violencia con arma de fuego en nuestro país no ha revertido esta tendencia, por el contrario, cada vez menos personas escogen estas armas para suicidarse.

La manera en la que los hombres y las mujeres se suicidan son diferentes. En 2015, 91.1% de los hombres se suicidaron usando armas de fuego o ahorcándose. Por el contrario, el envenenamiento y el uso de un arma blanca nunca han sido tan escogidos por ellos como los dos métodos anteriores, pues ambas formas juntas apenas acumularon 10.7% de los suicidios masculinos en 1990 y ni siquiera 7% en 2015.

Por el contrario, para las mujeres el veneno ha sido un método mucho más recurrido. En 1990, 38.5% de las mujeres que se suicidaban lo hacían con algún veneno, entre los cuales se incluye el dióxido de carbono expulsado por el tubo de escape de algún automóvil. A pesar de que este porcentaje se redujo a 17.2% de los casos, sigue siendo la segunda forma más frecuente en la que se suicidan las mujeres.  Por otro lado, la disminución en la proporción de suicidios con arma de fuego incluye también a las mujeres. En 1990, 16% de las mujeres se mataban de esta manera, para 2015 únicamente 4.1% se suicidó con un disparo.

Aunque en todos los estados se observa que la mayoría de los suicidios son ahorcamientos o asfixias, algunos métodos son particularmente populares en ciertos estados. El caso más anómalo es el de la Ciudad de México, en la que lanzarse hacia un objeto en movimiento, aplastamiento, colisión con transporte motor y saltar desde un lugar elevado son métodos más frecuentes en la capital que en el resto del país. Es notorio que Veracruz tiene el porcentaje más alto de suicidios clasificados con “otros” métodos,  

Otra diferencia destacable es el modo en que se suicidan hombres y mujeres a diferentes edades. En los hombres, la preferencia por morir con armas de fuego es mayor mientras más edad tienen. En las mujeres, la preferencia por saltar desde un lugar elevado y por ahogarse aumenta al paso de los años.

Aunque una terrible similitud es que los más pequeños, niños menores a 14 años, encuentran más fácil morir ahorcados.

Son los hombres jóvenes

¿Por qué si la tasa de suicidios de hombres entre 15 y 44 años ha aumentado, su proporción del total de suicidios se ha mantenido constante en el tiempo? Esto se explica por el envejecimiento de la población. Mientras que, en 1990, 68.2% de la población tenía entre 15 y 44 años, en 2015 47.2% figuró dentro de este grupo de edad. En cambio, mientras que al comienzo del periodo en estudio 15.2% de la población eran mayores de 45 años, al final del periodo este porcentaje creció a 25.3%.

La edad también implica diferencias entre hombres y mujeres. Una mayor proporción de hombres mayores a 44 años deciden terminar con su vida, representando 27.9% del total de suicidios de hombres en 2015, en comparación al 16.3% en el caso de las mujeres. En cambio, las jóvenes entre 15 y 29 años representan una mayor proporción del total de mujeres que se suicidan que de hombres. Esto es, mientras que la mitad de los suicidios femeninos fueron mujeres de esta edad, en el caso de los hombres, apenas 39% fueron jóvenes entre 15 y 29 años.


¿Nos deberían preocupar los suicidios?

No hay aquí un juicio moral. La prolongación o extinción de la propia vida, creemos, forma parte de las libertades y la autonomía de las personas. Sin embargo, esa libertad y autonomía están restringidas por el entorno; y entornos adversos pueden hacer más atractivo el suicidio. Esto implica que puede dibujarse un vínculo entre decisiones públicas, políticas de gobierno, oportunidades de bienestar… y una decisión privada como quitarse la vida. Cuando alguien decide morir porque no tiene acceso a un buen cuidado de salud o a un cuidado digno, como el caso de las personas mayores a 75 años, o porque la molestan en la escuela siendo adolescente; o bien por enfrentarse a una crisis económica severa, podemos dibujar el vínculo con más claridad.

Dado lo anterior, debemos preguntarnos ¿Qué está pasando en el país que cada vez más jóvenes entre 15 y 44 años se suicidan? ¿Por qué hombres? ¿Qué lleva al mismo tiempo a tantas personas mayores de 75 años a terminar con su vida? ¿Qué está pasando que es entre los 15 y 29 años en donde ocurre la mayor proporción de suicidios de mujeres? ¿Por qué entre menores de 15 años son las niñas las que reportan también tasas más altas? ¿Qué podemos identificar que sea titularidad del Estado mexicano que nos permita explicar y por tanto prevenir estos suicidios?

 

José Merino, Carolina Torreblanca y Marisol Torres

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Desde el inicio del sexenio de Felipe Calderón vivimos en un loop de análisis de la violencia en México, atendemos y sacamos conclusiones sólo a partir de la evolución de promedios en la tasa de homicidios. Proponemos aquí un análisis a partir de la volatilidad de la violencia a nivel municipal, para identificar las zonas del país de urgente atención con una política nacional de reducción de homicidios.

Entre enero y abril del 2017 México ha acumulado un total de 7,727 averiguaciones previas por homicidios dolosos, esto implica una tasa anualizada de 18.8 averiguaciones por cada 100 mil habitantes. Se trata del segundo inicio de año más violento desde 1997, y de seguir así, 2017 rebasaría al 2011 como el año más violento de nuestra memoria reciente, cuando el país sumó 18 averiguaciones por homicidio por cada 100 mil habitantes.

Hablamos de averiguaciones y no de homicidios, porque la única medida rigurosa de los segundos es proporcionada por el INEGI mediante el análisis de los datos del Sistema Nacional de Información en Salud (SINAIS); y al día de hoy se encuentran disponibles hasta 2015, mientras que el conteo de víctimas (no averiguaciones) por parte del Sistema Nacional de Seguridad Pública se inició hasta 2014, lo que impide hacer comparaciones previas. Por ejemplo, en 2011 la tasa de homicidios (no de averiguaciones) llegó a 23.3 por cada 100 mil habitantes.

El crecimiento en violencia desde 2016, y sobre todo el retorno en 2017 a niveles observados hace cinco o seis años, nos obligó a retomar una conversación que creíamos superada. La reducción entre 2013 y 2015 nos lo hizo pensar. Y ahí vamos de regreso a observar tasas mensuales, a inferir grandes conclusiones de pedazos incompletos e inexactos de datos, a sacar lecciones anecdóticas de crecimiento acá y reducciones allá.

Creemos que este es un modelo de análisis insostenible. Creemos que es momento de tomar un poco de distancia y analizar los datos desde otra perspectiva: en lugar de analizar los cambios recientes, incluso a la luz del pasado, queremos hacer un corte de caja de la dinámica de violencia en los municipios mexicanos en 10 años, a partir del promedio de su nivel de violencia, pero sobre todo a partir de su volatilidad. Creemos que es un buen inicio para empezar a discutir en serio una estrategia de reducción de la violencia en el país, un buen inicio para volver a tener la misma conversación, pero con otra evidencia.

Como se observa, los municipios con tasas promedio más altas tienden a ser también aquellos con mayor volatilidad; mientras que la mayoría de municipios del país se encuentran en niveles bajos de ambos indicadores. No obstante, en la parte inferior derecha de la gráfica podemos identificar municipios con baja varianza y niveles altos de violencia, esto quiere decir que se trata de poblaciones con niveles establemente altos de homicidios; entre ellos: Guadalupe y Calvo; Guazapares y Urique, en Chihuahua, así como General Plutarco Elías Calles en Sonora. En contraste, en la parte superior derecha estarían aquellos que acumulan promedios muy altos de homicidios, pero con medidas anuales muy disímiles, lo que implica alta varianza; entre ellos: Guadalupe, Huejotitán y Matamoros, en Chihuahua los tres. Finalmente, del lado superior izquierdo se ubican aquellos que tienen niveles relativamente menores de violencia, pero con cambios drásticos entre años; entre ellos: Gran Morelos (Chihuahua), Ejutla (Jalisco), San Baltazar Loxicha y Santa María del Rosario (Oaxaca).

Una nueva categorización de municipios

El territorio mexicano está conformado por un total de 2 mil 457 municipios. Utilizando datos de homicidios del SINAIS desde 2006 hasta 2015 – último año disponible – clasificamos los municipios del país siguiendo 2 criterios: los niveles de violencia que tuvieron (medido como tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes) y la varianza de dicha violencia, es decir, qué tan diferentes fueron las tasas de homicidio de un municipio entre 2006 y 2015.

Nos quedaron 6 grupos conformados de la siguiente manera:

Categoría

Municipios

Porcentaje de la población nacional

Poca varianza y poca violencia

1252

25.7%

Mucha varianza y poca violencia

8

0.02%

Poca varianza y media violencia

699

50.7%

Mucha varianza y media violencia

281

6.5%

Poca varianza y mucha violencia

15

0.7%

Mucha varianza y mucha violencia

202

16.5%

 

Lo que vemos entonces es que, bajo nuestra clasificación, 1,260 municipios tienen tasas de violencia consideradas bajas, por debajo de cuatro. El grueso de la población nacional se encuentra en municipios de violencia media y con poca varianza, con una tasa promedio en todo el periodo de 12 homicidios por cada 100 mil habitantes, aún por encima de los 10 establecidos por la Organización Mundial de la Salud para considerarse una epidemia. Notoriamente, hay 15 municipios en el país con un nivel permanentemente alto de violencia durante toda la década, alrededor de 40 homicidios por cada 100 mil habitantes.

Pero el grupo más interesante es aquel conformado por municipios que tienen simultáneamente niveles altos de violencia promedio y mucha volatilidad entre años. Estos son los municipios que explican gran parte de los cambios en la tasa nacional. Si el nivel de violencia crece o decrece en el país, son estos los municipios que debemos explorar para explicarla. En promedio, estos municipios tienen tasas anuales de 55 homicidios por cada 100 mil habitantes.

La concentración numérica de la violencia

Si vemos la proporción de homicidios totales en el país entre 2006 y 2015 por categoría de homicidios, queda clara la concentración. Los 1,260 municipios con poca violencia, en los que viven 1 de cada 4 mexicanos, representan apenas 1.8% del total de homicidios. Por su parte, los municipios de violencia intermedia, 980 municipios en los que viven poco más de la mitad de los mexicanos, representan el 42% del total de homicidios. Hasta ahora llevamos 2,240 municipios que acumulan 83% de la población y sólo 44% de homicidios.

 

Esto implica que en apenas 217 municipios en los que viven sólo 17% de los mexicanos, se concentra el 56% restante de los homicidios en el país. De hecho, en apenas 202 municipios, los que simultáneamente tienen violencia promedio alta y mucha volatilidad, se concentran 51% de los homicidios totales del país en toda la década.

De nuevo: más de la mitad de nuestra violencia vive en 202 municipios que concentran apenas 16% de la población.

Hay un patrón visible: cuando la violencia crece en el país, la proporción de homicidios concentrado en estos 202 municipios crece, mientras que aquella de los 980 municipios de violencia intermedia decrece.

 

La concentración geográfica de la violencia

Descubrimos apenas que 202 municipios concentran mucho de ambas: medias y varianzas de la violencia nacional. Hay un hallazgo adicional: estos municipios forman zonas continuas. Dicho de otro modo, la distribución geográfica de esos 202 municipios no sólo no es aleatoria, es sistemáticamente contigua.

 

Hay tres zonas identificables en las que se concentran estos 202 municipios que explican la acumulación de homicidios y su varianza nacionales. En primer lugar, un área que va desde la frontera de Chihuahua con Texas, hasta Sinaloa, pasando por la parte occidental de Durango. En segundo lugar, un grupo de municipios en Tamaulipas que se expande a municipios en la parte norte de Nuevo León. Finalmente, a lo largo de la costa en el Pacífico desde Colima hasta Guerrero, que incluye municipios al interior de Guerrero y Michoacán.

Por su parte, de los 15 municipios que siempre han sido violentos – según nuestra clasificación – siete se encuentran en Oaxaca: Miahuatlán De Porfirio Díaz, Huautla De Jiménez, San Pedro Pochutla, Heroica Ciudad De Ejutla De Crespo, Oaxaca De Juárez, Villa De Tututepec De Melchor Ocampo, Ocotlán De Morelos. Al haber sido siempre violentos (por la poca varianza que tienen) estos municipios no nos explicarían una variación en la tasa de homicidios nacional. Tampoco los municipios que tengan poca o media violencia explicarían el aumento reciente de violencia; en su mayoría, los municipios con poca violencia no registraron ningún homicidio durante este periodo.

Nuestro grupo de interés por tanto son los 202 municipios que tienen una alta varianza, y que además son considerados violentos. En este grupo se encuentran municipios como Guadalupe y Calvo, Práxedis G. Guerrero, y Ciudad Juárez en Chihuahua; Acapulco, Iguala, y Chilpancingo, en Guerrero; Colima y Armería en Colima; Apatzingán, Aquila, y Arteaga en Michoacán; Mier, Nuevo Laredo, San Fernando, y Ciudad Victoria en Tamaulipas; así como Monterrey y Cerralvo en Nuevo León.

Dentro de este grupo de interés, 22 municipios superan los 100 homicidios por cada 100 mil habitantes en promedio cada año. Sólo para comparar, Honduras, considerado el país más violento del mundo, llegó a una tasa de 59 homicidios por cada 100 mil habitantes en 2016.

El retorno de la violencia

¿El crecimiento reciente de homicidios y averiguaciones previas se relaciona con estos 202 municipios? La respuesta es sí.

 

Si vemos datos del SINAIS, es claro que el grupo de municipios que mejor se ajusta a la tendencia nacional es justamente el de los 202 municipios violentos y volátiles; seguido de los casi mil municipios de violencia intermedia. Más aún, el crecimiento a partir de 2015 se explica centralmente por esos 202 municipios. Noten que la línea nacional sigue cercanamente la de los municipios con violencia intermedia y mucha varianza, pero ello se debe a que el promedio nacional incluye municipios de muy poca violencia. En contraste, si vemos únicamente la tendencia anual, los cambios año con año siguen cercanamente a la de los 202 municipios que mencionábamos. Con base en estos mismos datos es imposible saber qué ocurre en 2016 y 2017; dado que los datos del 2016 estarán disponibles hasta finales de este año, mientras que los del 2017 hasta finales del 2018.

 

Del mismo modo, analizando los datos del SNSP podemos observar que el grupo de municipios de alta violencia y varianza en esa base, es el que concentra el crecimiento en homicidios desde 2015, con un claro aceleramiento en el primer trimestre del 2017.

La lección central de este texto es simple: no es posible diagnosticar y recetar soluciones para reducir la violencia en México que no pase por un análisis exhaustivo de los 202 municipios que concentran homicidios y su varianza en México, y que se encuentran, como vimos, agrupados mayoritariamente en tres regiones. Empecemos a tener esa conversación.

Datos

Los datos y código utilizados en este análisis pueden ser consultados aquí http://bit.ly/2sabm89

 

José Merino y Oscar Elton, Data4

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diciembre 23, 2016

Días de descanso, días de no matar

El día de cada año en el que el promedio de homicidios en México ha sido el más bajo los últimos 10 años es el 1 de enero. Pensamos que se debía a una especie de pudor celebratorio; viendo la tendencia de otros días, creemos que se debe simple y llanamente a que todos descansan, quienes matan y quienes mueren.

En México hemos acumulado 213 mil muertos y más de 26 mil desaparecidos desde 2006. Una cifra que lee rápido, pero de muy difícil digestión. México es un país violento: 58 víctimas de homicidio en promedio cada día.

Pero los días no son iguales. En los últimos 10 años hay días brutales como el 7 de mayo en el que cada año en promedio se acumulan 68 víctimas. Hay también días en los que el número de homicidios se reduce a su mínimo. Son días de calma; mejor dicho, de relativa calma, como el 1 de enero que promedia 34 homicidios en el mismo periodo.

Días para festejar… la no violencia

Si promediamos los homicidios ocurridos en las 52 semanas que conforman cada uno de los últimos 10 años, vemos una alta varianza en la tendencia de homicidios. Existen cinco semanas en que la violencia supera los 56 homicidios.

De esas cinco semanas, dos llegan a las 58 muertes promedio en 10 años: la semana 20, que va aproximadamente del 13 al 20 de mayo; y la semana 38, que suele ser la semana de los festejos de la independencia mexicana, o la siguiente a ésta. Entre las tres restantes, se encuentra la semana 50, anterior a la semana de noche buena y navidad, con 57 homicidios promedio; y las semanas 33 y 35, con 56 homicidios promedio cada una. Estas últimas semanas son días de transición entre agosto y septiembre.

Como vemos, estas semanas son antes o después de días considerados festivos. Si vemos la otra cara de la moneda, tres de las cinco semanas con menos homicidios promedio en los últimos 10 años, están entre las primeras cinco semanas del año, incluyendo la semana uno, que va del 1 al 7 de enero.

Analizando los 365 días del año, el día con menos homicidios promedio en los últimos 10 años es el primero de enero, con un promedio de 33.8 muertos por homicidio en ese día. No sólo esto. Si vemos los últimos siete días con menos homicidios de la lista, los siete son días en que se conmemora algo. Al 1 de enero le siguen 1 de mayo (día del trabajo); el 2 de noviembre (día de muertos); el 10 de mayo (día de las madres); el 5 de mayo (día de la batalla de Puebla); el 16 de septiembre (día de la independencia de México); y el 25 de diciembre (Navidad).

Entre los cinco días más violentos del año no se encuentra ningún día festivo. Pero es curioso que el 16 de septiembre esté entre los días con menos homicidios en promedio, y el 17 de septiembre, un día después, sea en promedio, junto con el 7 de mayo, el día más violento del año con 67.7 homicidios promedio.

Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo

Si comparamos el promedio de homicidios entre los días “antes” y “después” de Navidad y Año Nuevo con el resto del año vemos diferencias. Los días post-fiesta, navidad y el primer día del año, tienen un promedio siempre menor al resto del año entre 2006 y 2015. Curiosamente, esto no ocurre en Noche Buena y la víspera de Año Nuevo. Mientras el 24 y el 31 de diciembre se comportan como el resto de los días de cada año, el 25 de diciembre y el 1 de enero son anómalamente pacíficos. Por ejemplo, en el 2007, Noche Buena y la víspera de Año Nuevo tuvieron cinco homicidios más que los que hay el resto del año. Lo mismo pasa en 2009 y 2012. En 2014, sin embargo, estos dos días tuvieron casi 10 homicidios más que los que se presentan el resto del año.

A pesar de que el 25 de diciembre y el 1 de enero se encuentren entre los días menos violentos en promedio en el año, existen lugares y años anómalos a lo largo de estos 10 años. De 2006 a 2015, ha habido por lo menos un homicidio en 25 de diciembre en algún año en 151 municipios. La delegación Cuauhtémoc, en la CDMX, es quién más veces aparece en la lista con al menos un homicidio en 25 de diciembre todos los años, excepto en 2006 y en el año del bicentenario de la independencia. 2015 ha sido el peor hasta ahora, con 4 homicidios el día de navidad.

Los dos municipios que más homicidios han tenido en Navidad son Ciudad Juárez, Chihuahua en 2010 y Tampico, Tamaulipas en 2011, con 13 homicidios cada uno.

El primer día del año también presenta momentos y lugares anómalos. En los 10 años, 138 municipios han tenido al menos una muerte violenta. En su mayoría han tenido un homicidio, pero Tijuana (2010), Ecatepec de Morelos (2013) y Durango (2014) han comenzado su cuenta de homicidios del año con 7 desde el día uno.

Si nos quedamos con los 10 municipios donde más gente muere y los 10 donde las personas son más vulnerables podemos ver patrones interesantes en los días post fiesta. De los 10 municipios con un mayor acumulado de homicidios en los 10 años, en 6 los homicidios promedio por día son menores en Navidad y en Año Nuevo.

Monterrey y Ciudad Juárez son los municipios que mayor diferencia tienen entre los promedios por día de estas fechas festivas y el resto del año, con 1.5 homicidios menos por día. En Guadalajara y la delegación Cuauhtémoc el promedio no es diferente. Se reducen los homicidios por día en menos de 0.2. En los 10 municipios más vulnerables ante la violencia diaria, se encuentran siete de los mismos 10 que vimos antes. Se agregan Chilpancingo, la capital de Guerrero; Cuernavaca, Morelos; y San Pedro Tlaquepaque, Jalisco.

Entre los municipios que más recuden homicidios en Navidad entran obviamente los mismo dos de antes, Monterrey y Ciudad Juárez, y se les une San Pedro Tlaquepaque, que tiene una reducción estos días de 1.3 homicidios por día respecto al resto del año.

¿Cómo mueren quienes mueren en Navidad y Año Nuevo?

Los homicidios son siempre una tragedia, pero no todos se ejecutan de la misma forma. La forma más común en que se cometen homicidios es con armas de fuego, también consideraros una buena aproximación a homicidios relacionados al crimen organizado.

Sin embargo, dado todo lo que ya hemos visto, los homicidios se reducen quizá porque en días festivos (y después de ellos) mucha gente se queda en sus casas. La mayor parte de los homicidios suelen suceder en la calle, pero si la gente no sale de sus casas igual que el resto del año, la forma en que mueren también puede cambiar.

Si dividimos los homicidios por cómo sucedieron y vemos el porcentaje de cada causa en días “pre”, días “post” y el resto del año, vemos que en promedio el porcentaje de muertes por ahorcamiento y golpes es mayor en días festivos que el resto del año. Durante el año, el 9.6% de los homicidios se dan por golpes o personas estranguladas, que factiblemente se den dentro de viviendas. El 25 de diciembre y 1 de enero, el porcentaje aumenta a 10.2%, y el 24 y 31 de diciembre el porcentaje llega a 12.1%.

Por otro lado, los homicidios con arma de fuego en promedio representan 62.4% de los homicidios. Durante Noche Buena y la víspera de Año Nuevo el porcentaje es de 60.1%, y los días posteriores disminuye aún más, a 58.7%.

Respecto a los días más violentos, los días de menor violencia reducen a la mitad el número de homicidios, de 68 a 34. Al hacer este texto pensábamos encontrar que los días festivos que implicaban actividades familiares, como el 24 y el 31 de diciembre o el 10 de mayo, serían los días más anómalamente pacíficos en el país. Pensábamos pues que el efecto de los días festivos se asociaba a actividades familiares y no al simple asueto. No es así. El 24 y el 31 de diciembre se comportan en términos de violencia de manera más cercana al resto de días del año; mientras que el 25 de diciembre y el 1 de enero muestran reducciones en violencia similares al 1 de mayo, el 2 de noviembre o el 16 de septiembre.

Los mexicanos nos dejamos de matar porque estamos de descanso… no porque estemos en un ánimo armónico.

 

NOTA METODOLÓGICA

Los datos utilizados son homicidios del Sistema Nacional de Información en Salud (SINAIS). La base de datos puede ser consultada aquí

 

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