Las mujeres pobres en México son por mucho las más vulnerables a la violencia en el hogar. Sin embargo, las mujeres con mayor escolaridad e ingresos laborales no se liberan de ésta: la proporción de violencia física disminuye, pero aumenta la emocional.

México es un país en donde 26 millones de mujeres se encuentran casadas, y en donde simultáneamente el 42% de ellas sufre o ha sufrido algún tipo de violencia dentro de sus matrimonios. Para ser más puntuales, 11 millones de mujeres han sufrido por lo menos una agresión de sus maridos, mientras que 9 millones han sido violentadas por ellos en más de una ocasión o de forma repetida.

Pero detrás de estas cifras encontramos mujeres con características muy distintas: mujeres con estudios universitarios, y mujeres que nunca conocieron un aula; mujeres que ganan cuatro veces el salario mínimo actual, y mujeres que apenas llegan a cubrir dicho salario; y sin embargo todas ellas comparten una misma situación: la violencia de pareja.

El tipo de violencia cambia de acuerdo con las características particulares de las mujeres. La violencia al interior de los matrimonios puede ser clasificada en casos de violencia física, violencia emocional, violencia sexual, y violencia económica; pero uno u otro tipo de violencia se presenta más a menudo dependiendo de las características de la mujer.


La dependencia económica es lo que caracteriza a la mujer que es víctima de violencia física

La violencia física se define como cualquier acto que inflija un daño no accidental, usando la fuerza física o algún tipo de arma u objeto que pueda provocar lesiones internas o externas. Estas agresiones, que incluyen actos como empujones, jalones de pelo, patadas, golpes con la mano o puño, o golpes con algún objeto o arma punzocortante se presentan con más frecuencia en los matrimonios donde las mujeres reportan ingresos personales más escasos.

En promedio, el 15% de los matrimonios en los cuales las mujeres perciben un ingreso menor a los 5 mil pesos mensuales presentan casos de violencia física recurrente, lo cual contrasta con los matrimonios donde las mujeres ganan 10 mil pesos o más, y en los cuales menos del 7% afirma sufrir este tipo de agresiones de forma frecuente.

Sin embargo, no es tan solo el ingreso de la mujer lo que debemos tomar en cuenta, sino la relación que guarda respecto al salario de su marido; pues la violencia física es más frecuente en los matrimonios en donde tanto el hombre como la mujer tienen salarios bajos. Ejemplo de esto es que dentro los matrimonios en donde ninguno de los dos cónyuges gana más de 5 mil pesos al mes, un 14.70% de las mujeres reportan sufrir agresiones o abusos físicos de manera frecuente.

Algo que debe recalcarse es que las mujeres sin ingreso (porque no trabajan o porque su trabajo es no remunerado) pero con maridos que ganan más de 5 mil pesos mensuales, por lo general sufren menos agresiones por parte de sus maridos que aquellas mujeres que sí trabajan, pero ganan menos de 5 mil pesos mensuales. Esto apunta a que no es sólo un tema de dependencia económica, sino de hogares en los que los ingresos son bajos y algunos hombres responden violentamente a la inclusión de sus parejas en el mercado laboral.

Pero esto no significa que las mujeres más independientes económicamente sufren más violencia física. Los matrimonios en donde las mujeres ganan por arriba de los 5 mil pesos o más allá de los 10 mil pesos mensuales, reportan casos de violencia física en promedio 5% menos respecto al promedio general; y este efecto es aún mayor cuando sus maridos también perciben un salario similar. Esto es, cuando la brecha entre hombres y mujeres se reduce en términos de ingresos en el hogar (o incluso se revierte), la proporción de violencia física se reduce, pero conforme esta brecha crece, también lo hace la ocurrencia de maltrato físico en la pareja.


El ingreso no reduce la violencia emocional, pero una mayor educación sí

El siguiente tipo de violencia es psicológica o emocional, dentro de la cual se consideran agresiones como insultos, amenazas, intimidaciones, humillaciones, indiferencia, omisiones, menosprecio, burlas, y aislamiento entre otras. 10 de los 26 millones de mujeres casadas en México reportan haber sufrido al menos una agresión de esta naturaleza, lo cual hace a la violencia emocional la más común en nuestro país. Este tipo de violencia, a diferencia de la violencia física persiste aun entre las mujeres con mayores ingresos, y aún más cuando el marido trabaja, pero gana un salario muy bajo.

En promedio, sin importar el nivel de ingresos de sus maridos, las mujeres casadas sufren casos de abuso emocional recurrente en el 37% de los casos; y en el caso de las mujeres que perciben salarios altos (más de 10 mil pesos mensuales), este porcentaje no cambia.

Si analizamos los datos por el nivel educativo de las mujeres, este tipo de violencia sigue siendo alto; pues en cualquier nivel educativo que las mujeres casadas reporten tener, en promedio el 32% de ellas afirma haber sufrido abusos emocionales en sus matrimonios. Pero también podemos observar que las mujeres que menos violencia emocional sufren son las mujeres con estudios universitarios; pues del total de las mujeres casadas con esta escolaridad, el 28% de ellas reportan vivir agresiones psicológicas por parte de sus maridos.


Si aumenta el número de hijos reportados, también aumentan los casos de violencia

Todas las agresiones, sean de naturaleza física, emocional, sexual, o económica, se reportan más a menudo en los matrimonios donde las mujeres reportan tener más hijos. De hecho, mientras que las mujeres casadas y sin hijos reportan nunca haber sufrido ningún tipo de agresión por parte de sus maridos en el 72% de los casos; este porcentaje se reduce un 13% cuando se trata de las mujeres con más 4 de hijos, quienes reportan no haber sido víctimas de ninguna agresión marital en solo el 59% de los casos.

De igual forma, las agresiones físicas recurrentes aumentan en un 3% con cada hijo que la mujer casada reporta; y lo mismo sucede con los abusos emocionales, los cuales aumentan un 2.2% con cada hijo en promedio. Por último, las agresiones sexuales y económicas también aumentan por cada hijo que se reporta: las primeras aumentando en un 1%, y las agresiones económicas (definidas como el chantaje del hombre hacia la mujer entrevistada, al controlar los ingresos monetarios del hogar, o bien, al cuestionar la forma de utilizarlos) crecen en un 2.1%.

La primera lección que podemos sacar de estos datos es que las mujeres mexicanas difícilmente logran escapar de la violencia. Los casos de abusos y agresiones persisten incluso entre las mujeres con perfiles más “seguros”, como aquellas con mejores ingresos, mayor escolaridad o mayor independencia económica, las dos variables más comúnmente asociadas al “empoderamiento” femenino, así como aquellas con pocos hijos.

Pero si algunas mujeres son más propensas que otras a sufrir violencia, hay dos variables que agravan la situación: el ingreso que gana la mujer y el ingreso total de ambos.  En el caso de la violencia física, podemos ver el efecto de la dificultad económica cuando observamos que a medida que los ingresos de la mujer son más bajos, la violencia física es más frecuente; y que esta empeora cuando el marido también presenta un nivel de ingresos bajos.  Lo mismo puede intuirse de las mujeres con más hijos, quienes probablemente enfrenten más retos económicos que aquellas mujeres casadas pero que no los tienen. Sin embargo, también vimos que la violencia emocional parece mantenerse aun cuando el ingreso de la mujer es alto; lo nos remite a la posición de desventaja que sigue ocupando la mujer dentro del matrimonio y que la mantiene vulnerable incluso en los perfiles “seguros”.

 

Adrián Lara y Mariano Muñoz


Nota metodológica

Para el análisis se utilizaron datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares del INEGI (ENDIREH) para el año 2016.

Los datos pueden ser consultados aquí.