Noviembre 23, 2016

El mundo que pudo ser

Lo teníamos pensado: Hillary Clinton tenía más probabilidades de ganar la presidencia de Estados Unidos. Obtener mediante el voto la presidencia, esa presidencia, implicaba el arribo de una mujer al frente del gobierno más poderoso en el mundo; implicaba por tanto que como nunca antes en el mundo, un porcentaje significativo de población, riqueza y capacidad militar estarían bajo el mando de mujeres; en Estados Unidos, pero también en Alemania, Reino Unido, Corea del Sur, y otros 17 Estados.

feminismo

Vamos, teníamos hasta el título del texto “Who Run the World”, como referencia a la canción de Beyoncé y el incisivo discurso político de la canción y su video. Imaginábamos una reacción inmediata al leer el título y completarlo con un insolente “Girls! We run this mother (yeah)”.

No ocurrió. En lugar de atestiguar el arribo de la primera mujer en más de 200 años a la presidencia de Estados Unidos; atestiguaremos el arribo del presidente más abiertamente misógino de nuestra historia reciente… this is a man’s world.

De haber ganado Clinton, tres de los diez países más grandes del mundo hubieran estado en manos de una mujer. Gobernar a Reino Unido, Alemania y Estados Unidos es lo mismo que estar a cargo de aproximadamente el 22% del PIB mundial y del 5% de la población del planeta. El triunfo de Clinton hubiese coronado una tendencia visible en los últimos 50 años: en 1966 había una sola Jefa de Estado (Indira Gandhi en India); para 2015 sumaban la cifra más alta de la historia, 28. Clinton no se sumó a la lista y de hecho, para 2016, ocho países menos estaban en manos de mujeres.

¿Cómo romper el techo de cristal?

Solamente 132 mujeres han sido jefas de gobierno de algún país desde 1953. Llegar a la cima del poder político sigue siendo, evidentemente, una labor más ardua para las mujeres que para sus contrapartes hombres por las desventajas estructurales intrínsecas a los arreglos institucionales de todos los países: llegar a la boleta implica transitar las trabas de la política partidista.

A pesar de décadas con mecanismos como cuotas de género en los parlamentos, que buscan nivelar el terreno de juego para los géneros y de tres (o cuatro) olas de feminismo, el poder político sigue siendo mayoritariamente ejercido por los hombres. ¿Qué hace que una mujer pueda atravesar las barreras históricas y convertirse en jefe de una nación? Diferencias en capital político y en los sistemas electorales parecen tener que ver.

No es ser mujer, es ser parte de una dinastía

Históricamente, una gran proporción de las mujeres que han logrado romper estos “techos de cristal” han sido esposas o familiares de un hombre que ha ocupado algún puesto político importante. El capital político que los hombres forman en universidades o en trayectorias en la vida pública, por mucho tiempo no fue accesible a mujeres, que tenían menos oportunidades para estudiar y, cuando lo hacían, empezaban más tarde sus carreras y se veían obligadas a hacer la mayoría de las tareas domésticas y cuidar de los hijos, además de que aspiraban a peores puestos. Al ser hijas, hermanas o esposas de políticos reconocidos, podían usar o heredar el capital político que sus parientes habían generado y aprovecharlo para llegar a altos puestos que, de otro modo, les hubiesen sido inaccesibles.

Entre los ejemplos de prominentes mujeres que han sido esposas de políticos están: Cristina Fernández de Kirchner e Isabel Perón, presidentas de Argentina; Mirella Moscoso, presidenta de Panamá de 1999 al 2014, y Violeta Chamorro en Nicaragua, de 1990 a 1997.  Entre las hijas o hermanas de anteriores políticos están la primer ministro de Bangladesh, Sheikh Hasina, desde 1996, hija de Sheikh Mujibur Rahman, quien fue el primer presidente de ese país; la hija del primer primer ministro de la India, Nehru, Indira Gandhi; y la actual presidente de Corea del Sur desde 2013, Park- Geun- hye , hija del antiguo presidente, Park Chung-hee.

Sin embargo, recientemente esa tendencia empieza a desaparecer. Las nuevas generaciones de líderes mujeres dependen menos y menos del capital político de su familia. Mientras que en los setentas 3 de cada 4 mujeres a cargo eran familiares de algún ex político, en 2016 de las 20 mujeres jefas de gobierno, solo 2 lo son. Aun así, de haber ganado Hilary Clinton la presidencia de EEUU, hubiese entrado en la categoría de esposa de un ex presidente.

Es ser mujer, pero depende del sistema político

Por otro lado, el sistema de gobierno parece implicar una diferencia en la proporción de mujeres que llegan a dirigir un gobierno. Dentro de los regímenes democráticos existen básicamente tres tipos de gobierno: el presidencial; el semi-presidencial; y el parlamentario. De las 114 democracias para las que contamos con datos en 2016, 44% son parlamentarias, 33% son presidenciales, y 23% son semi-presidenciales.

Dada esta distribución de sistemas políticos, podría pensarse que van a existir más mujeres al frente de un país en sistemas parlamentarios por el simple hecho de que hay más democracias parlamentarias que de sus otras dos contrapartes, pero al ver la proporción confirmamos que los sistemas parlamentarios son más proclives a elegir mujeres como jefas de Estado o de Gobierno que sus contrapartes. Del total de democracias parlamentarias en 2016, 16% tiene una mujer a cargo, mientras que sólo el 11% de las democracias presidenciales lo hacen.

Si vamos más allá del 2016, desde 1960, sólo en 12 años la proporción de democracias lideradas por una mujer con sistemas parlamentarios no fue mayor al número de democracias presidenciales o semi-presidenciales. Si Clinton hubiera obtenido más votos electorales que Trump el pasado ocho de noviembre, sumaríamos un sistema presidencial más a cargo de una mujer a partir de 2017.

¿Es ser mujer si hubo una mujer antes? No, no realmente.

Existen países donde las mujeres han gobernado por un periodo mayor de tiempo que en otros. ¿Será que países donde se elige una mujer en algún momento se vuelven más proclives a elegir mujeres después? Hay que diferenciar dos posibilidades. Los largos periodos en el gobierno pueden ocurrir de dos formas: una mujer que ocupe un cargo por mucho tiempo; o en segundo lugar que muchas mujeres ocupen un cargo por un periodo de tiempo no tan lago.

El primer caso se da de hecho en el país que ha tenido una mujer al frente de su gobierno por el periodo de tiempo más largo. ¿Adivinan? Se trata de Bangladesh, al sur de Asia, que desde 1991 hasta el día de hoy ha tenido una Primera Ministra como jefa de gobierno. Este puesto se ha intercambiado desde esa fecha únicamente entre dos mujeres: Khaleda Zia, y la actual primera ministra, Sheikh Hasina. Los únicos otros países que han tenido dos mujeres consecutivamente en el poder han sido Irlanda; Nueva Zelanda; y San Tomás y Príncipe.

Por otra parte, los países que más mujeres han tenido alguna vez al frente son San Marino y Suiza, países con formas de gobierno y elección particulares. En San Marino, el parlamento elige cada 6 meses a dos personas que comparten el poder ejecutivo. Gracias ello, 13 mujeres han logrado estar al menos un periodo de 6 meses compartiendo el poder ejecutivo con otra persona. Suiza, por otro lado, tiene un órgano ejecutivo llamado Consejo General conformado por 7 personas, las cuales tienen la posibilidad de ser presidentes por periodos de 1 año sin poderse reelegir de forma consecutiva. 5 mujeres han encabezado dicho Consejo, siendo Micheline Calmy-Rey la que más veces lo ha hecho entre las mujeres, en 2007 y 2011.

Mujeres y el mundo que pudo ser…

1. Capacidad militar

La capacidad militar de un país suele acercarnos a la posición de liderazgo que tiene en el mundo. Las mujeres que han llegado a cargos importantes, ¿lo han hecho en países con un importante liderazgo global?

Para medir dicha capacidad, utilizamos el índice de capacidad material de Correlates of War, que está conformado por gasto militar, producción de acero, población urbana, entre otras variables. Normalizamos dicho índice para que cada año sumara 100, y poder ver cómo se distribuía la capacidad militar entre países con hombres y mujeres. Las mujeres en 2016 acumulan aproximadamente 12.4% del total de las capacidades de guerra en el mundo, en 2015 sumaban 26%. De haber llegado Clinton a la presidencia de los EEUU, la capacidad militar en manos de mujeres hubiera pasado de los 12.4% puntos a los 26.5%. esa diferencia ahora está en manos de Trump.

2. Economía

La capacidad militar de los países suele estar relacionada también con otros factores. Entre ellos la riqueza que tiene ese país, y la población. EEUU controla gran parte del PIB del mundo (aproximadamente 16% en 2014), parte que no pasó a manos de las mujeres después de las elecciones de principios de noviembre. Actualmente, la primera mujer que aparece en el ranking de los países más ricos es Angela Merkel, que se posiciona con Alemania en el 5to lugar.

El progreso que han hecho las mujeres, ocupando puestos que antes les era difícil ocupar, no ha sido una línea recta. Hoy no es el momento de la historia en el que más mujeres han estado a cargo de Estados ni tampoco en el que han manejado una mayor parte de la riqueza mundial (13%). El pico fue en 2011, cuando gobernaba simultáneamente Merkel en a Alemania, Julia Gillard en Australia, Dilma Rouseff en Brasil y otras 22 mujeres. En ese año, las mujeres controlaron el 19% de la economía mundial.

Si Clinton hubiera sido presidenta, 2017 hubiera impuesto un nuevo record histórico. Al 13% que controlan en la actualidad, se hubiera sumado el 16% que representa la economía del país más rico del mundo, llegando a un total de 29% de la economía mundial.

3. Población

Las jefas de estado o gobierno en el 2015 gobernaban para 1,089 millones de personas. Si vemos la tendencia histórica de población entre países gobernados por hombres y mujeres, es evidente que no sigue la misma línea de los otros indicadores. Los principales responsables de que esta tendencia no sea constantemente creciente son la India, y China. Entre 1969 y 1972, gobernaron simultáneamente Indira Gandhi y Soong Ching-ling (como presidente interina), la misma dupla volvió a coincidir en 1981, cuando las mujeres gobernaban 33% de la población mundial.

Clinton hubiera aportado al bando de las mujeres aproximadamente 321 millones 418 mil 820 personas (un 2.5% de la población mundial). Aunque no se hubiera alcanzado la cifra histórica más alta de 1981, Clinton hubiera sido la mujer con más personas gobernadas entre los países con una líder mujer, seguida de Sheikh Hasina de Bangladesh, y Angela Merkel de Alemania.

It’s a Man’s Man’s Man’s World…

Tendemos a pensar que en las democracias occidentales hay más igualdad y que, por ende, tienden a ser más indiferentes de si son gobernados por hombres o por mujeres. Sin embargo, hay varios países occidentales “modernos” que nunca han tenido una mujer a la cabeza. El ejemplo más evidente (y trágico por lo que implica) es Estados Unidos, donde no sólo nunca ha habido una mujer presidente, sino que Clinton en el 2015 fue la primera candidata mujer de uno de los dos partidos principales. Canadá, con su nuevo primer ministro de izquierda, es otro ejemplo de países que no han sido gobernados por una mujer electa (tuvo una interina). A ellos se une Francia, quien tuvo solamente una presidente interina brevemente en 1991, además de Bélgica, Italia, y Austria.

Who Run the World… Girls!

El otro lado de la moneda son países desiguales que han roto, algunos hace muchos años, el techo de cristal. Los dos países que más tiempo han sido gobernados por una mujer no son democracias europeas occidentales, ni países nórdicos. Quizá las mayores sorpresas son Bangladesh y Sri Lanka, donde de hecho dos mujeres han gobernado cada uno de los países. En Bangladesh ya mencionamos antes el mandato femenino ininterrumpido desde 1991. En Sri Lanka, Sirimavo Bandaranaike fungió como Primera Ministra de 1960 a 1965, y nuevamente de 1970 a 1977; Chandrika Kumaratunga, su hija, fue presidenta por 10 años del mismo país, de 1994 a 2005.

Pudimos haber vivido en un mundo donde las mujeres estuvieran a cargo del 29% de la riqueza del mundo. Un mundo donde las mujeres gobernaran al 12% de la población mundial. Un mundo donde el 26% de la capacidad militar fuera controlado por ellas. Incluso esas cifras nos pondrían lejos de la paridad, pero hubieran significado progreso. Ese es el mundo que pudo ser.

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